Escultura
Josema López Vidal
Huelva, 1992.
Desde una edad temprana mostró interés y aptitudes para el mundo artístico. Durante la etapa escolar, descubrió que lo suyo era el arte y al finalizar el bachillerato artístico en la Escuela de Arte León Ortega optó por hacer Bellas Artes en la Universidad de Sevilla. En los años universitarios se descubre a sí mismo y conoce a gente muy importante dentro del mundo artístico contemporáneo. Ha participado en exposiciones colectivas e individuales, teniendo obras en instituciones públicas onubenses así como en el CAC de Málaga.
Ha desarrollado una práctica artística multidisciplinar que abarca pintura, escultura, dibujo y cerámica. Su obra se distingue por la fusión de elementos religiosos, mitológicos y personales, creando un universo simbólico único que invita a la reflexión sobre la identidad y la memoria colectiva. Su obra tiene un marcado carácter figurativo y narrativo, a modo de cuaderno de bitácora; en ella se combina la apariencia del arte clásico barroco con discursos totalmente personales y contemporáneos. El contexto andaluz articula y da coherencia a las piezas que va emitiendo en forma de escultura, pintura o dibujo y hacen un imaginario entendible e influenciado de nuestro folklore pero reinterpretado bajo una visión íntima y personal dando como resultado obras que recuerdan a, pero que al mismo tiempo ofrecen una incógnita y un glinch en la lectura tradicional.
Propuesta
Piedras blancas.
La obra reflexiona sobre la construcción de lo sagrado a partir de lo humano y lo cotidiano. Se presenta como un cuerpo humanoide de barro – una figura que remite al Adán primigenio – que necesita de una estructura externa para sostenerse y adquirir una presencia casi devocional. Un simulacro que no se erige solo, sino que depende de una parafernalia material y simbólica que le otorga identidad, raíces y sentido.
La figura, de 140 cm de altura, muestra una policromía muy ligera que deja visible el color del barro en las zonas de carne, en contraste con el dorado del torso, decorado con motivos florales de carácter popular. En el pecho, a modo de hornacina, aparece inscrita la expresión stand hard (mantente firme), raíz etimológica de la palabra estandarte, que conecta con el título de la muestra y con la idea de resistencia, sostén y permanencia.
El cuerpo se eleva sobre una estructura precaria formada por ramas de vid atadas entre sí, que actúan como andamiaje y aluden tanto a lo agrícola como a lo ritual. La obra se acompaña de elementos de cacharrería cerámica, trenzados de fibras naturales y pequeños objetos figurativos, que funcionan como restos de memoria doméstica y cultural, subrayando el contraste entre tradición y lectura contemporánea.